
Que se mueran los feos
¿Cuántas veces al día nos miramos en un espejo o cuántas veces lo evitamos?
Actualmente, y cada vez con mayor frecuencia, está presente en nuestra sociedad una búsqueda obsesiva por la perfección física y el culto al cuerpo, donde la imagen y los cánones estéticos juegan un papel relevante. “La perfección es una pulida colección de errores” que decía Mario Benedetti.
Vivimos bajo la influencia desmedida de las redes sociales, sometidos a un bombardeo de anuncios publicitarios, influencers, blogueros, youtubers, etc. que proyectan una enorme presión psicológica en nuestras mentes al no poder alcanzar las expectativas exigidas, provocando la no aceptación, frustración e insatisfacción personal.
Existen estudios que demuestran que a mayor uso de las redes sociales mayor insatisfacción con la imagen personal, y por lo tanto una pérdida mayúscula de autoestima.
De la mano de la presión social y mediática, y junto a otros factores determinantes como la predisposición genética, perfil específico de personalidad y posibles experiencias negativas acerca de nuestro cuerpo, se deriva el Trastorno dismórfico corporal, también conocido como dismorfobia, perteneciente a la clasificación de trastornos somatomorfos.
Se trata de una patología, de la que tenemos conocimiento desde hace siglos, pero que se ha visto agravada por la concepción y relevancia atribuída al físico, en una sociedad que nos instiga y delimita lo que es estéticamente aceptable y lo que no.
El TDC se caracteriza por una preocupación excesiva u obsesión por algún defecto del aspecto físico, aunque éste sea imaginario o irrelevante para los demás. Todo ello implica un deterioro y malestar significativo en sus actividades cotidianas en el ámbito social, laboral y demás áreas.
En relación a estos defectos ficticios o imaginarios, los síntomas habituales manifestados son la obsesión por zonas corporales generalmente en la cara (desproporción en nariz, boca, orejas, arrugas, acné, cicatrices, asimetrías, cuello excesivo etc.), ya que es lo más difícil de ocultar o disimular. Asimismo, son motivo de preocupación otras partes del cuerpo como glúteos, caderas, abdomen, pecho…
Estos individuos presentan además signos propios del TOC (Trastorno obsesivo compulsivo), realizando rituales y comprobaciones continuamente. De ahí, la cantidad de tiempo que pasan examinándose en un espejo, buscando escaparates, superficies reflectantes, retrovisores… con el fin de “comprobar su defecto.” De la misma manera existe la maniobra inversa, la de “evitar” este tipo de estímulos.
Buscan constantemente la comparación de su defecto con otras personas, poniendo su atención en aquellas partes corporales que ellos rechazan y provocando así un sufrimiento exacerbado al no poder ser como ellos.
Socialmente, se produce un aislamiento exagerado, evitando así encuentros, citas, reuniones… lo que supone una incapacidad de establecer una relación de amistad o amorosa que requiera intimidad, puesto que su valoración peyorativa respecto a su imagen les causa un temor a ser juzgados.
Hoy sabemos que la prevalencia de esta afección oscila entre el 1,7 y 2,5 entre la población general, sin diferencias significativas en cuanto al sexo, ya que hombres y mujeres la padecen por igual. Así, el inicio de los síntomas del TDC se produce en la mayoría de los casos en la adolescencia, etapa evolutiva en la que comienza a surgir el conflicto entre autoimagen, aceptación y autoestima.
A día de hoy, son muchas las celebrities que han constatado públicamente el padecimiento de este trastorno, caracterizado por una percepción distorsionada de su imagen, en continua persecución de la ansiada y utópica perfección. Entre ellos, podemos mencionar al ya fallecido Michael Jackson, la influencer Kim Kardashiam; actrices como Megan Fox, Uma Thurman, Sara Michelle Gellar y actores como Robert Pattinson, Sam Smith y Chris Pratt entre otros.
Mencionar también el caso de gran repercusión mediática, de la española fallecida recientemente de manera trágica, tras haberse sometido a la última de las muchas operaciones de cirugía estética, probablemente víctima de esta psicopatología.
En mi opinión, estamos obviando valores como la naturalidad, la sencillez, la espontaneidad, la cercanía; valores que forman parte de la “belleza” como concepción filosófica, una belleza que el gran filósofo de la estética Sir Roger Scruton definió como una necesidad natural y universal.
“La perfección no existe, llegar a comprenderla es triunfo de la inteligencia humana; desear alcanzarla es la más peligrosa de las locuras” Alfred de Musset.
Texto publicado en el Correo Gallego. Puedes verlo en el este enlace.