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Psique y Soma

Aprendizaje, Autoestima

Todos hemos evocado y rememorado aquella célebre expresión latina citada por el escritor romano Décimo Junio Juvenal (siglos I y II d.C.) en su sátira X, que dice Mens sana in corpore sano, en la cual sostiene la bidireccionalidad y retroalimentación entre cuerpo y mente.

Debemos tener en cuenta el marco histórico y el contexto de una época donde las culturas clásicas enfatizaban y promovían las áreas intelectuales, atléticas y espirituales del individuo, conceptualizando así de una manera holística e integral el bienestar del ser humano.

 

En el siglo XIX, Pierre Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos, retoma este postulado filosófico: “El espíritu olímpico exalta y une en un conjunto equilibrado las cualidades del cuerpo, de la mente y de la voluntad”; luchando para dar visibilidad a la importancia del deporte, el ejercicio físico y la repercusión de éste en el estado emocional del ser, contribuyendo a nuestra armonía y equilibrio.

A lo largo de la historia ha sido relevante el interés por el estudio y desarrollo de esta concepción, interrelacionando espiritualidad y organismo.

ESPECIALMENTE LAS CULTURAS Y FILOSOFÍAS ORIENTALES han hecho hincapié en esta dicotomía integrada. Así, el budismo concibe el cuerpo como templo donde anida nuestra alma, y la mente, englobaría además de los procesos mentales como emociones, pensamientos, sentimientos y experiencias vividas, sin centrarse en el enfoque de actividad cerebral vinculada a la cognición.

En la filosofía y medicina occidental, el desarrollo de fundamentos teóricos de los diferentes autores ha sido sometido a juicios de valor, críticas y controversia. Cabe mencionar a René Descartes (siglos XVI-XVII), cuya teoría de la dualidad cartesiana sostiene que cuerpo y alma son entidades separables y diferentes, distinguiendo así dos entes: el mental y el físico; espíritu y materia en continua contraposición.

 

Ya en el siglo XIX y XX, autores como Gilbert Ryle y Ludwig Wittgenstein rechazan y refutan esta concepción.

Actualmente, la neurociencia, la psicología cognitiva y la neuropsicología avalan que este equilibrio entre psique y soma es determinante para garantizar y optimizar el bienestar personal.

Nuestra psique interactúa poderosamente sobre nuestro cuerpo, imponiendo lo emocional, (el estado anímico en el que nos hallamos), favoreciendo así un organismo sano si las emociones y pensamientos son positivos; o por el contrario, la manifestación de la enfermedad, (a lo que denominamos “somatización”).

Nuestro soma a su vez ejerce una influencia en la mente que conlleva a un estado anímico óptimo si estamos sanos fisiológicamente, y en contraposición, a estados depresivos, perturbación mental y estrés si padecemos alguna patología orgánica.

LA NOCIÓN DE ESTA BALANZA perfecta no es más que un feedback, una fusión, sinergia y compenetración entre la dualidad del individuo.

Hoy en día sabemos que la práctica de ciertos hábitos saludables contribuye a alcanzar ese confort y conjunción armónica del ser humano.

– Comer sano: Una dieta equilibrada, con nutrientes esenciales y adecuados, que nos aporte la energía necesaria para el desarrollo de las actividades diarias.

– Hacer ejercicio físico: Además de mejorar nuestra condición corporal y resistencia fortalece los músculos, mejora la circulación sanguínea, disminuye el estrés y segrega endorfinas que producen placer y felicidad.

– Existen actividades que contemplan la práctica de ejercicio, conectando cuerpo y mente. Así el Yoga, que inicialmente era una técnica espiritual, combina respiración, ejercicio físico y meditación. El Pilates, basado en estiramientos y tonificación, combinados con la respiración, mejora la flexibilidad, contribuye a la reducción del estrés y favorece la concentración. El Bodybalance, un entrenamiento que combina el Taichi, Yoga y Pilates, es una actividad perfecta para equilibrar cuerpo y mente, de la que yo soy forofa y practico habitualmente.

– Higiene del sueño: Es de vital importancia preservar los ciclos circadianos y respetar los relojes biológicos, que se pueden ver alterados en ocasiones por factores psicológicos, ambientales y sociales. Dormir una media de 7 u 8 horas sería lo adecuado en adultos, durante un ciclo de sueño-vigilia que oscila aproximadamente en 24 horas.

– Es recomendable evitar sustancias tóxicas como el alcohol o tabaco que deterioran nuestro organismo, y especialmente el sistema nervioso.

– Cultivar la mente: Leer y adquirir conocimiento favorece el desarrollo de nuestras capacidades cognitivas y el aprendizaje de la gestión de emociones y pensamientos.

El logro de esa sincronía o conjunción en perfecto equilibrio es fruto de la armonía y consonancia entre un organismo sano y vigoroso, vinculado a una mente fuerte, sólida en valores y principios, conforme a los que debemos actuar permitiéndonos alcanzar la plenitud y enriquecimiento personal.

Texto publicado en el Correo Gallego